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Conflictos Ambientales /env_problems/viewEnvProblem/38

El embalse multipropósito los Besotes (Valledupar, Cesar) se viene proyectando desde la década de 1970 y sus objetivos comprenden un sistema de riego para el desarrollo agrícola de 10.000 hectáreas en los sectores de Los Corazones, Ovejas y Callao, así como asegurar el abastecimiento de agua para la ciudad de Valledupar durante los próximos 50 años. El embalse y casi la totalidad de las áreas de riego se localizan en la cuenca baja del Rio Guatapurí, dentro del territorio ancestral de los 4 pueblos indígenas de la Sierra Navada de Santa Marta (SNSM), demarcado por la Línea Negra (Ministerio del Interior, Decreto 1500 del 2018).

En el área proyectada para el embalse habita la comunidad arhuaca Ikarwa, y se encuentra en zona de Reserva Forestal de Ley Segunda de 1959, sobre un área de ampliación del Parque Nacional Natural de la SNSM (en fase de aprestamiento) que se destaca por su riqueza de flora y fauna, así como por su provisión de bienes y servicios ambientales, e incluye fragmentos de Bosque Seco Tropical. Aledaño al proyecto se encuentra también el Parque Natural Regional Los Besotes, un Área de Investigación y Conservación de Aves (AICA) (POMCA, Síntesis Ambiental, 2018, p.75), y los resguardos indígenas Arhuaco de la Sierra y Kankuamo.

La construcción del embalse multipropósito es contraria al ordenamiento territorial y valores culturales de los pueblos indígenas, específicamente en aspectos relacionados con el uso y conservación de los bienes naturales. De realizarse, el proyecto desplazaría a la comunidad arhuaca Ikarwa, ubicada en los valles de los arroyos Capitanejo, afluentes del Guatapurí, y destruiría un sitio sagrado que hace parte de la Línea Negra. Actualmente, el proyecto se encuentra debido a la oposición indígena y su negativa de adelantar la Consulta Previa sin las garantías exigidas.

El proyecto Los Besotes no es un caso aislado. Por el contrario, es uno de los cientos de proyectos extractivos y de infraestructura que buscan implementarse en la SNSM, revelando la contradicción o inmadurez del Estado colombiano que promueve un modelo de desarrollo que riñe con los derechos territoriales de los pueblos originarios, reconocidos por las altas Cortes.

Actores principales

CTC / CORPOCESAR / Emdupar / ENTerritorio /

La Sierra Nevada de Santa Marta – SNSM, considerado el macizo montañoso litoral más alto del mundo con una altitud máxima de 5.775 m.s.n.m., tiene un área aproximada de 21.158 km2 (2.115.800 ha), que cuenta con importantes figuras de protección, como el Parque Nacional Natural (PNN) del mismo nombre (383.000 ha) y la Línea Negra (Ministerio del Interior, Decreto 1500 del 2018), territorio ancestral y tradicional de los cuatro pueblos originarios de la Sierra (Kogui, Arhuaco, Wiwa y Kankuamo). La Línea Negra abarca cerca de 1.500.000 hectáreas (ha) y comprende un sistema de 348 sitios y espacios sagrados terrestres, litorales y marinos identificados por dichos pueblos, incluyendo los Resguardos Indígenas que suman 628.778 ha (Plan de Manejo PNN SNSM y Tayrona, 2020, p.81-82, 115).

Desde el periodo colonial, los pueblos de la SNSM han padecido diversos procesos de ocupación territorial y avasallamiento cultural que han generado tensiones y conflictos socioculturales, entre los cuales figuran el sistema de encomiendas y el adoctrinamiento religioso, y en tiempos recientes, las disputas por la tierra asociadas al conflicto armado interno, así como las políticas y proyectos de desarrollo. 

La ocupación violenta o impuesta de su territorio ha provocado el desplazamiento de los indígenas hacia las tierras altas de la Sierra o hacia los cascos urbanos como Valledupar, donde sobreviven con dificultad y se profundiza el desarraigo cultural. Entre tanto, los ecosistemas de las tierras bajas y más fértiles, como el bosque seco tropical, han sido degradados para dar paso a la ganadería extensiva y los monocultivos. 

La cuenca baja del río Guatapurí, donde se localizaría el embalse Los Besotes y su distrito de riego, es un área con presencia de comunidades rurales en situación de vulnerabilidad alimentaria y limitado acceso a servicios públicos, con un índice ambiental crítico, tendencia natural a la desertificación, déficit hídrico y problemas de sobreutilización del suelo por actividades agrícolas (POMCA Guatapurí, Síntesis Ambiental, 2018, p.8, 16, 68). Además de la ganadería y el cultivo de arroz, Valledupar es un importante centro regional para la agroindustria de la palma de aceite y la actividad minera del Cesar y La Guajira (POMCA Guatapurí, Fase Diagnóstico, 2019, p.98, 105, 550).
Los antecedentes del Embalse multipropósito Los Besotes se remontan a 1969, cuando el INCORA encarga los estudios de factibilidad del proyecto de riego de Valledupar. Posteriormente, en 1992, el HIMAT actualiza y complementa dichos estudios precisando un área de riego de 10.000 hectáreas y suministro de agua para Valledupar. En 2001, la Alcaldía de Valledupar y Emdupar contratan nuevos estudios y diseños de licitación del proyecto, y en 2003 se da inicio al trámite de licenciamiento ambiental (ENTerritorio, 2021a, p.18). 

 El embalse Los Besotes almacenaría 37 millones de m3 de agua, ocupando 169 hectáreas de los valles de los arroyos Palenque y Capitanejo, tributarios del Guatapurí, en las estribaciones del cerro Besotes, buscando también generar energía. De acuerdo con el POMCA del río Guatapurí, el proyecto “garantizaría el abastecimiento de agua en la región durante las próximas cinco décadas, a un costo de 150 millones de dólares, que aportarían la Nación, el Departamento del Cesar y el municipio de Valledupar, con un crédito del BID a 20 años” (POMCA Guatapurí, Caracterización socioeconómica, 2018, p.174).

El proyecto también contaría con un sistema de riego para 10.625 hectáreas (ha), repartidas en tres zonas ubicadas al occidente del Río Cesar: La zona de Los Corazones de 2.883 ha, localizada en la margen izquierda del Río Guatapurí, al nororiente de la ciudad de Valledupar; la zona de Ovejas de 1.462 ha, ubicada al occidente de Valledupar; y la zona de Callao de 6.280 ha, al sur de la ciudad (ENTerritorio, 2021b, pp. 4–5). De las 10.004 ha para el distrito de riego, 8.266 ha se destinarían a la producción agrícola y el resto a la ganadería de doble propósito y de ceba, con la implementación de sistemas agrícolas de ají, pimentón, arroz, algodón, frijol, sorgo, maracuyá, cacao, palma (CGR, 2010, p.4).

En 2007, mediante un comunicado emitido por el Consejo Territorial de Cabildos de la SNSM (CTC), los pueblos indígenas manifestaron estar en desacuerdo con la construcción del embalse multipropósito Los Besotes, en tanto consideran que el represamiento del agua para el servicio de acueducto y para el riego agropecuario no es la solución para la provisión de agua en un mediano y largo plazo, sino que el futuro de esta fuente de recurso vital debiera ser planificado en función del manejo del ciclo natural que tiene el agua (CTC, 2007).

Pese a que el proyecto está suspendido hasta tanto se adelante el proceso de consulta con las comunidades indígenas. (POMCA Guatapurí, Fase Diagnóstico, 2019, p.117, 306), en 2020, ENTerritorio (Empresa Nacional Promotora Del Desarrollo Territorial, antes FONADE) retoma los estudios previos (ENTerritorio, 2021, p.8) y suscribe nuevos contratos por valor de COP $19.000 millones para avanzar “en las etapas de pre factibilidad y factibilidad, como iniciativa de desarrollo territorial y en consideración al requerimiento efectuado por parte de la Gobernación del Cesar” (CGR, 2021, p.72).
El conflicto por Los Besotes saca a la luz viejas disputas y negociaciones territoriales entre los pueblos ancestrales de la Sierra y el Estado, así como con las élites locales y actores privados que buscan expandir su poder político y económico.

En 2007, el Consejo Territorial de Cabildos (CTC) de la SNSM manifestó su desacuerdo frente al embalse multipropósito Los Besotes, al considerar que la represa no sería la solución para la provisión de agua en un mediano y largo plazo, pues la problemática debería ser abordada desde el conocimiento ancestral indígena teniendo en cuenta el ciclo natural del agua, y honrando los acuerdos suscritos entre la institucionalidad y los pueblos de la Sierra, en particular, la Línea Negra (CTC, 2007). 

El primer acto administrativo referido a Línea Negra data de 1973 (Presidencia de la República, R.02 de 04-ENE-1973), el segundo de 1995 (Ministerio del Interior, R.837 de 28-AGO-1995), y el más reciente de 2018 (Decreto 1500 de 2018 del Ministerio del Interior), en el cual se amplía el número de sitios sagrados que la delimitan de 54 a 348.

En 2018, los Gobernadores de los resguardos Arhuaco, Kogi Malayo y Businchama de la SNSM denunciaron que, entre los años 2014 y 2016, 132 títulos mineros fueron expedidos en la Línea Negra sin consulta previa, y se presentaron otros 395 casos de proyectos extractivos y de infraestructura en los que se pretendía realizar consulta previa sin las garantías necesarias (Corte Constitucional, Auto 154 de 2019). En marzo de 2022, la Corte Constitucional falló a favor de los indígenas, pero actualmente cursa una demanda de nulidad en el Consejo de Estado contra el Decreto 1500 de 2018 que redefinió la Línea Negra, apoyada por conceptos del sector extractivo que advierten que el acto administrativo tendría graves efectos en materia económica y social, inversión y seguridad jurídica (Torres-Tovar, 2022).

De otro lado, en 2019 se publicó el POMCA del río Guatapurí, el cual fue construido y formulado en conjunto con los pueblos indígenas de la Sierra, surtiendo el proceso de Consulta Previa, denominado también “Documento Pankatza-Kankatza–Zaku Kuriwa–Duazhinshama Río Guatapurí – POMCA”. El Plan cuenta con capítulos sobre la gobernanza del agua y el orden ancestral y ambiental del territorio, reafirmando el reconocimiento jurídico de la Línea Negra.
El embalse Los Besotes inundaría 169 hectáreas de los valles de los arroyos Palenque y Capitanejo, tributarios del Guatapurí, en zona de Reserva Forestal de Ley Segunda de 1959 y sobre un área de ampliación del PNN de la SNSM que se encuentra en fase de aprestamiento. El área en cuestión se destaca por su riqueza de flora y fauna, así como por su provisión de bienes y servicios ambientales, en cercanías del Parque Natural Regional Los Besotes, el Área de Investigación y Conservación de Aves (AICA) “Eco-parque los Besotes” (POMCA, Síntesis Ambiental, 2018, p.75), incluyendo fragmentos de Bosque Seco Tropical. Al respecto, la CGR (2010, p.1) advierte que “los impactos negativos más importantes corresponden a la pérdida de cobertura natural que se traduce en erosión de suelos, sedimentación y contaminación de fuentes hidrográficas, perdida de biodiversidad, debilitamiento de soberanía ancestral y del patrimonio cultural y conflicto social generalizado”.

Con respecto al abastecimiento de agua para la ciudad de Valledupar, la información presentada en el POMCA no resulta muy concluyente. El Plan afirma que, en general, para la cuenca del río Guatapurí, existe un “déficit de agua” “en cortos periodos de tiempo durante el año”, debido presuntamente a condiciones naturales de estacionalidad, deforestación y sobrepastoreo en la ronda hídrica, irrigación de cultivos, y cambios en la precipitación posiblemente relacionados con el cambio climático, entre otros.También indica que la cuenca baja presenta índices de uso y vulnerabilidad hídrica altos, pero advierte que, pese al déficit hídrico en algunos sectores de la cuenca media y baja durante la época seca del año, “la cantidad de agua del río tiene la capacidad para mantener a las comunidades” (POMCA Guatapurí, Síntesis Ambiental, 2018, p.9, 19, 26, 38).

En cambio, el documento es claro señalando que las 100 concesiones otorgadas por la autoridad ambiental CORPOCESAR en la cuenca del Guatapurí, sin contar las captaciones ilegales, utilizados como sistema de riego en los cultivos de arroz y sembrados de palma africana, afectan “los ríos y a las fuentes de agua por la construcción de canales, represas y diques que modifican los cauces, secan los nacederos, disminuyen los caudales y deterioran la calidad del agua, y de este modo, “el ordenamiento ancestral del agua Tukuáshizha” (POMCA Guatapurí, Análisis Situacional, 2018, p.27).
De acuerdo con la líderesa arhuaca Leonor Zalabata (en Quintero, 2021), y embajadora ante la ONU designada por el gobierno Petro (2022-2026), “pretender la represa Los Besotes a estas alturas, en donde hay una comunidad indígena arhuaca instalada, en un lugar de pagamento de las culturas indígenas, es una terquedad institucional que amenaza nuestros derechos civiles y políticos, pero también los derechos económicos, sociales, culturales colectivos y ambientales de estas comunidades. Se produciría un desplazamiento forzado no por actores armados, sino por una visión de desarrollo que, está demostrado, es una visión depredadora de la naturaleza y el medio ambiente, y de las sociedades más vulnerables y las comunidades indígenas”.

Zalabata hace referencia a Ikarwa, la comunidad asentada en el área propuesta del embalse que, en 2015, se componía de 392 personas. Es una de las 52 comunidades arhuacas de la Sierra, en zona de ampliación del resguardo, en territorios que han sido adquiridos progresivamente, después de haber sido titulados a terceros posterior al periodo colonial (Beltrán et al., 2017). “En Ikarwa, está el sitio donde están los abonos para todo el territorio. Ikarwa es la madre espiritual de los cuarzos, en especial los de color blanco que son el alimento para el agua. En esa medida, al destruirse este sitio sagrado, los efectos se sentirán en todo el macizo, pues desde este lugar es donde se realizan y se obtienen los materiales ancestrales con los cuales los Mamos pueden realizar su trabajo principal, realizar los rituales de pagamento con los cuales permitir que la Madre pueda seguir existiendo” (Aja Eslava, 2010, p. 205).

 De otro lado, a pesar de los avances en el reconocimiento legal de los territorios ancestrales en la SNSM por parte del Estado, y a la oposición y razones ofrecidas por los pueblos indígenas para desistir de la construcción del embalse, “a lo largo de 50 años se han contratado 13 consultorías relacionadas con el proyecto –entre estudios y diseños por entidades gubernamentales– con valores indeterminables, incluso para entidades como la Gobernación del Cesar” (Jiménez, 2022). 

A juzgar por los hechos, el proyecto Los Besotes, aún “en el papel” y con muy bajas posibilidades de realizarse, ha continuado siendo objeto de millonarios contratos y estudios que se repiten cada cierto tiempo en el Gobierno en sus distintos niveles (Nacional, Regional, Local), situación que puede propiciar escenarios de corrupción y dar pie a investigaciones por detrimento patrimonial.
En la historia reciente del país, la incorporación de la Línea Negra al ordenamiento jurídico colombiano se inscribe en una lista de acciones, por parte de los pueblos indígenas de la SNSM, que incluye “mecanismos de defensa, compensación, reparación y restitución de sus derechos territoriales, así como la mitigación de los daños y afectaciones ocasionados por distintas intervenciones y/o decisiones no consultadas” (POMCA Guatapurí, Fase Diagnóstico, 2019, p.543).

Aunque el proceso legal ha sido largo y tortuoso, la suspensión del embalse multipropósito Los Besotes es el resultado de la lucha indígena por el derecho a participar y ser consultados en los proyectos que afecten su territorio, oponiéndose a un modelo de desarrollo que ha profundizado la desigualdad y la degradación de la base natural. Al respecto, el POMCA reconoce que el territorio recuperado por los pueblos indígenas muestra una importante regeneración natural de los bosques, observable por medio de los análisis de coberturas en las imágenes satelitales. “De otra parte, al avanzarse hacia la recuperación de las partes bajas (caso de Ikarwa - Besotes), se logra un objetivo central de las autoridades indígenas y de las autoridades ambientales, o sea desocupar los páramos y los nacederos de aguas y garantizar la razón de ser de buena parte de las relaciones interculturales (pueblos indígenas – sociedad regional), el suministro del líquido para todo el mundo” (POMCA Guatapurí, Fase Diagnóstico, 2019, p.103-104).


Cesar : Valledupar,
Figuras Territoriales: PNN de la Sierra Nevada de Santa Marta (SNSM) y Tayrona Área, y ampliación (fase de aprestamiento); Resguardo Indígena Arhuaco de la Sierra, Resguardo Indigena Kankuam; Línea Negra (Ministerio del Interior, Decreto 1500 del 2018); Parques Natural Regional Los Besotes; Zona de Reserva Forestal de Ley Segunda de 1959; Reserva Natural de la Sociedad Civil Paraver; Área de Investigación y Conservación de Aves -AICA “Eco-parque los Besotes”.
Cuencas Hídricas: Río Guatapurí
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