La construcción de represas no solo compromete coberturas de ecosistemas, naturales o intervenidos, sino que está asociada al desplazamiento de población, con la subsecuente alteración de los medios de vida de las personas, afectando -además- los sistemas alimentarios (Moran et al., 2018) y el tejido social, pues generan dinámicas de desarraigo, conforme se aprecia en los relatos Wiwa respecto a lo que significó El Cercado, frente al cual recuerdan con dolor cuando el Ranchería era intocable, cuando en aquellos lugares solo se llegaba a hacer ceremonias sagradas. A veces se encontraban indígenas Wiwa y Wayuu, y en esa coincidencia danzaban, cantaban, intercambiaban músicas tradicionales y hacían trueque de algunos alimentos (CNMH & OWGT, 2017.P.18).
Para el caso de estudio, las afectaciones socioeconómicas se relacionan con la pérdida de tierras fértiles que permitían la producción para el autoconsumo y la venta, aunado a los efectos que tuvo sobre diversas especies de peces que servían de sustento alimenticio, a lo que habría que añadir los usos de los predios en donde fue construida la represa, pues si bien estaban bajo control de mestizos, estos arrendaban tierras a familias Wiwa, cuyos miembros situaban -por lo demás- varios de sus sitios sagrados en esos lugares (Ministerio del Interior et al., 2015).
Entonces, aparte de verse privados de tierras que les permitían obtener su sustento, la inundación de estas les impide acceder a sitios de pagamento, siendo una contravención a lo fijado en las Resoluciones 002 de 1973 y 837 de 1995 que demarcan la Línea Negra a partir de los sitios sagrados para los 4 pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta, en la que si bien se reconocen los derechos de posesión y dominio de terceros debidamente formalizados, debía garantizarse la accesibilidad de estos sitios para hacer ofrendas que permitiesen mantener el equilibrio del universo y la conservación de su espiritualidad.
En efecto, la existencia del embalse les impide recoger materiales que emplean "para hacer los pagamentos a los animales, a las plantas y a las enfermedades", todo lo cual se reflejan en la salud de humanos y no humanos, así como en los cultivos de maíz, plátano, yuca, malanga, entre otros, los cuales se han secado. De igual modo, les priva del acceso a "otros sitios de pagamento que estaban relacionados con los rituales de nacimiento, mortuoria, bautizo y matrimonio" (Rodríguez, 2012.P.99).
Por su parte, el pueblo Wayuu se ha visto afectado por la escasez de agua superficial y subterránea, comprometiendo -también- sitios sagrados como la gran ceiba que desapareció cuando la represa se llenó y el cauce del río se vio afectado, según refieren los habitantes del resguardo Provincial, a lo cual se suman cambios en las prácticas sociales de la comunidad (Arboleda, 2014), como también una mayor incidencia de enfermedades entre sus miembros más vulnerables: los niños, niñas, adolescentes y las mujeres gestantes / lactantes (CIDH, 2015, 2017).