La explotación de hidrocarburos en la Superintendencia de Mares (
SMA) se localiza en el complejo de humedales del Magdalena Medio, donde habitan especies amenazadas y vulnerables como la marteja (
Aotus griseimbra), la nutria (
Lontra longicaudis) y el manatí (
Trichechus manatus), el cual cumple un papel importante en la oxigenación del agua y como reciclador de nutrientes en las ciénagas, siendo un indicador de la salud del ecosistema (ANLA, R. 2528/2022, p. 104, 134).
En 2007, cuando el Ministerio de Ambiente estableció el Plan de Manejo Ambiental Integral (PMAI), encontró una fuerte degradación ecosistémica, tanto de fauna y flora como en los recursos hidrobiológicos (MAVDT, R. 1641/2007, p.11). Frente a estos últimos, los impactos comprenden el cambio de las características fisicoquímicas y microbiológicas del agua superficial y subterránea, así como en su disponibilidad, y la alteración en la dinámica fluvial (Ecopetrol, 2020). En 2022, la ANLA reconoció que, de acuerdo con el análisis hidrológico regional presentado en el Estudio de Impacto Ambiental, existe una vulnerabilidad, de media a muy alta, al desabastecimiento del recurso hídrico superficial, pero que la actividad petrolera no afecta de manera significativa la oferta hídrica superficial (ANLA, R. 1653/2022, p. 133-134) [ver hito sobre captaciones y vertimientos].
Otra afectación importante en la SMA se deriva de las emisiones de gases de efecto invernadero, las cuales sólo hasta 2022 son objeto de seguimiento (cuantificación) con el fin de implementar acciones de mitigación y adaptación (R. 1653/2022 de ANLA, p. 332).
De otro lado, pese a que el sector petrolero suele afirmar que la operación goza de los mejores estándares para proteger el ambiente, entre 2012 y 2022 Ecopetrol reportó ante la ANLA 1523 contingencias en el marco del proyecto PMAI Mares, de las cuales el 86,61% tuvo un origen tecnológico/operacional (ANLA, R. 2528/2022, p. 141, 207). Así mismo, la investigación de Orduz et al. (2021, p. 10, 149) halló registros de 366 contingencias evitables relacionados con incendios, derrames y fugas de gas entre los años 2017 y 2020 en el Campo La Cira Infantas y en los bloques Lisama y La Rompida, debido al deterioro de materiales (fatiga, corrosión o falta de mantenimiento que devino en rotura) (42,5% de los casos), fallas operacionales (sobrepresión, rebose de tanques, mala manipulación o “error humano”) (24,3%), daños por terceros (hurtos principalmente) (17,4%) y mal abandono o estado inactivo de pozos (6,6%). Al respecto, vale la pena recordar el incidente en el pozo Lisama-158 del año 2018 [ver hito].
Así mismo, entrevistas realizadas por Beuf en Barrancabermeja (2023, p. 18) dan cuenta de una reducción drástica del recurso pesquero en relación con la situación de los años 1980-1990 que “no remite solo a la contaminación por los hidrocarburos sino también a otros factores (sobrepesca, presencia de grandes represas, ausencia de tratamiento de aguas domésticas, entre otros)”.