En su investigación acerca de las dinámicas territoriales que sobrevinieron a la llegada de Smurfit a Buenos Aires, Cauca, Broderick (1998) expone cómo fueron utilizados los predios adquiridos por la empresa desde finales de la década de 1970. Al respecto, menciona que los primeros cultivos fueron de pino patula o pino mexicano (Pinus patula) que se establecieron en la vereda La Paila sobre una extensión cercana a las 1.000 ha, conservando el bosque nativo que crecía en los nacimientos de ríos y quebradas.
Hacia la década de 1990, la empresa contaba con el control de 5 fincas (Tierra Grata, Silvia, La Cristalina, La Elvira y Leticia) sobre una superficie de 2.500 ha, en donde más de la mitad estaban cultivadas con pinos, precisando estos de fertilizantes para su crecimiento, los cuales terminaron contaminando el suelo y las aguas de los ríos Silencio y Timba, esto sin contar el trazado de la carretera que comunicaba con Yumbo que cambió la calidad del agua de los pequeños cauces vecinos, tornándola lodosa.
Estos hallazgos se suman a los detectados en el municipio de Cajibío, Cauca, tras la publicación en 1978 de una investigación realizada por José Ignacio Borrero, la cual fue financiada por Cartón de Colombia y llevaba por título “Estudios comparativos sobre la fauna de un área sin reforestar y otra reforestada con pinos en La Venta de Cajibío, Cauca”. En esta se concluye que en las áreas cultivadas densamente con pino difícilmente crece vegetación, lo cual impide que la vida animal se adapte a este tipo de ambiente.
Si a lo anterior se suman las investigaciones adelantadas en Risaralda hacia 1985, en las que se relaciona el agotamiento de los suelos y los efectos negativos sobre el agua, se tiene que las plantaciones de coníferas actúan como motor de transformación y pérdida de biodiversidad, al alterar las condiciones abióticas sobre las cuales se fundamentan las relaciones entre especies de fauna y flora. Según estos estudios, la lenta descomposición de las acículas (hojas de los pinos) crea un tapete en torno a los árboles que conduce al agotamiento biológico del suelo, pues aquellas sufren un proceso de fermentación produciendo una creciente acidez en la tierra, a la cual se suma los efectos que generan al impedir la migración de nutrientes.
Frente a la relación entre las coníferas y el agua advierten que, a diferencia de los bosques nativos, los monocultivos de pinos alteran la escorrentía, incrementándola -tanto en velocidad como en volumen- lo cual favorece la erosión y empobrece el suelo, mientras que la estructura de los primeros se caracteriza por la diversidad de estratos y por la abundancia de epifitas y lianas, convertidas en una eficiente esponja que retiene gran parte del agua lluvia. Aparte de lo anterior, las plantaciones forestales terminan interfiriendo con los balances hídricos en las cuencas de los ríos al demandar una mayor cantidad de agua durante su acelerado crecimiento.